Hace unos cuantos días, en medio del calor que se asoma timidamente avisandonos que el verano ya llega, leí un artículo muy pertinente en el blog de un amigo de la universidad en el que hace referencia a la transformación que está viviendo la Costa Verde (Desde el Tercer Piso: Una Costa Nada Verde (II)). 
Como bien indica el artículo al que hago referencia, hay un problema serio que se debe atender y es precisamente la afectación del derecho de todo ciudadano de gozar de un medio ambiente saludable. Es justamente el derecho que tenemos todos nostros de disfrutar de los espacios publicos sin mayores restricciones que el respeto al derecho de los demas a utilizar ese espacio y, sin menor importancia, el uso responsable del bien común. La limitación de este derecho en cualquier grado es una afectación seria a la libertad de las personas.
En este sentido, quedé muy sorprendido con el último informe que ha presentado Digesa respecto a la calidad sanitaria de las playas. El resultado es alarmente, un total de 27 playas del litoral peruano han sido consideradas como no aptas para el baño y la recreación. Es decir, hay 27 playas en litoral peruano donde es altamente recomendable no bañarse porque la contaminación ha alcanzado niveles sumamente perjudiciales a la salud.
Este información no debe preocupar solamente a los pescadores o a los deportistas que más logros nos han traido en los último años como Sofía, Valeria, Gabriel o Sebastian sino a todos los que disfrutamos de un renovador baño en el mar. La contaminación del mar afecta a toda la comunidad global por igual, a la contaminación no le importan las fronteras...ella pasa sin que le tomen una foto y le pidan el registro de su huella dactilar.
La contaminación de nuestras playas es responsabilidad de todos nosotros.
Los gobiernos locales, regionales y central deben implementar politicas y mecanismos que disuadan la contaminación constante de nuestro litoral. Hay una agenda pendiente que debe ser revisada con la mayor urgencia posible.
Nosotros mismos estamos limitando nuestro derecho a disfrutar libremente de los espacios públicos que nos pertenecen. Somo nosotros los responsables de ver reducida, cada vez más, nuestras posibilidades de disfrutar de una de las sensaciones más placenteras en este mundo: un buen baño en el mar.
La limitación de ese derecho, sin duda, debe evitarse a toda costa