jueves, 24 de mayo de 2012

LOS 71 DE DYLAN

 

Estamos acostumbrados a los artistas que viven sólo para el aplauso y la aprobación del público. Bob Dylan es de otra especie, una que está en extinción, en la que la calidad no se mide por el éxito comercial o la entrega subordinada al espectáculo. Cada una de sus canciones pretende ser la revolución que eternamente buscamos. Dylan no compró la fórmula masiva y aún así llega a todo el mundo e incita su cambio. Hoy este maestro cumple 71 años de rebeldía constante. Salud por él, su aparente desidia y su elegante descortesía. Si no lo han hecho aún, déjense atrapar por su blues para nunca más poder salir.

miércoles, 23 de mayo de 2012

MAR ALEGRE E INVICTO

 
Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos.” Así Hemingway describe a Santiago, un viejo pescador de un pueblo costero que nos hace recordar la mágica bahía de Cabo Blanco al norte del Perú. Su historia de lucha es una victoria en sí misma y un ejemplo de vida: la del viejo y el mar (el mismo que lo mantenía vivo y coleando).
 
El mar no solo ha inspirado a escritores. Esa inmensidad azul nos ha fascinado a todos desde niños. El mar es un recurso preciado que nos alimenta y que alberga a miles de seres vivos que aún ni conocemos. Es parte esencial de nuestra existencia; sin embargo, en nuestro país, está siendo entregado a la crueldad de la indiferencia y al olvido.

Si Santiago, el viejo de Hemingway, viera el estado actual de nuestro mar y de lo que habita en él, sus ojos reflejarían tristeza y derrota. Nuestros titulares no hablan de fabulosos merlines ni de compromisos de hermandad, sino de pelícanos y delfines muertos, de una industria extractiva poco consciente y del gran botadero de basura en el que se ha convertido el mar, gracias a inescrupulosas autoridades en complot con empresas industriales. Esa es la triste realidad, que si no miramos y actuamos rápidamente, traerá nefastas consecuencias.

Indigna que entre los meses de enero y abril de este año las autoridades hayan reportado un total de 877 delfines muertos por causas no naturales. La indignación crece cuando el equipo de ORCA informa que ese número no es real y que la cifra podría superar los 1000 ejemplares muertos. Al parecer, los delfines murieron por el fuerte impacto acústico ocasionado por la explosión generada por alguien que tiene poca conciencia de lo que significa la vida.

Reconforta saber que una valiente ex viceministra de pesquería denuncia públicamente el mercantilismo, cortoplacismo e inconsciencia de quienes manejan el sector pesquero. Dicha ex viceministra, con inusual aplomo enfrenta además las presiones de algunos grupos a quienes no les interesa una visión de sostenibilidad del recurso, simplemente por favorecer a unos pocos. Es inquietante, sin embargo, que esa denuncia no haya sido razón suficiente para tomar cartas en el asunto y mostrar a los peruanos una preocupación sincera sobre el futuro de nuestro mar.

Da pena leer la última encuesta de IPSOS Apoyo: solo un 17% de peruanos cree que investigar la muerte de delfines y pelícanos de los últimos meses es prioritario. Es bueno que un grupo tenga presente este problema, pero sin una consciencia colectiva del valor que el mar tiene en nuestras vidas el futuro es una incógnita y un peligro por el costo ambiental que esto representa.

Santiago, el viejo pescador, tenía 84 días sin lograr pescar nada, así que se adentró en el mar en busca del pez que le devolvió la gloria de sus tiempos. Así como él, todos tenemos alguna historia con el mar, ese bellísimo espacio que es la extensión de nuestra vida. Cuidarlo y fomentar una conciencia de respeto y protección está en nuestras manos. Hay que comprarse el pleito y defender la vida que hay en él con uñas y dientes. Así, al ver nuestro mar, nuestros ojos y nuestros corazones estarán alegres e invictos.

*Artículo publicado originalmente en la columna Radar 5 de Gobierno Coherente (www.coherencia.pe).

miércoles, 16 de mayo de 2012

CINCO PASOS PARA LA FELICIDAD (POLÍTICA)*


Además de ser una ambición mesiánica, no me siento Coelho para dar recetas que nos guíen hacia la felicidad y la vida plena. Aun así, desde mi limitada experiencia, me atrevo a compartir cinco aprendizajes que podrían servir para mejorar la política y la calidad de nuestros políticos:
  1. Nada es blanco o negro, la política tampoco lo es. Hay una infantil necesidad de buscar siempre al bueno y al malo. Estoy seguro que esa estigmatización facilista es el resultado de la influencia de Disney en nuestras vidas. Debemos tener la capacidad de saber que hay acciones acertadas y acciones desacertadas, y que estas, a menos que respondan a un accionar ilegal o sistemático, no deberían mancillar de por vida a un político ni a un persona. Las diferencias políticas e ideológicas no deben convertirse en odios personales.
  1. Fiscalizar no es rebuscar los errores de la oposición para elaborar un discurso estridente, coordinar con medios locales y bien peinado salir hablando con el dedo en alto para criticar negativamente. Si bien fiscalizar es investigar y traer a juicio las acciones y obras de los funcionarios y empleados públicos, eso no quiere decir que bajo esa bandera se deje de lado los intereses del país y la ciudadanía para difundir mensajes que pretenden un aprovechado posicionamiento personal. Esto genera inestabilidad política, perjuicio a la población y daño personal.
  1. La política no es circo y no lo podré decir mejor que nuestro Nobel de Literatura: “La política en el Perú ha pasado de ser una política mediocremente ideológica a ser tristemente una política de espectáculo. El espectáculo es lo que prima, no las ideas, no las convicciones políticas”. “Y eso no le pasa solo a los mediocres, también a los inteligentes que se convierten en payasos porque es la única manera, piensan, convencidos por sus asesores, de conquistar al público”. Ya lo he dicho antes y lo repito, creo que la política debe ser responsabilidad, madurez y pedagogía. El político tiene que ser consciente de que debe dar el ejemplo en cada uno de sus actos.
  1. El Congreso o los concejos municipales no son una cancha de fútbol. La política no es un partido en el que gana el que mete más goles o el que defiende con mayor vehemencia su arco. Actualmente vivimos una guerra de acusaciones y, muchas veces, de calumnias que luego no son desmentidas. Es triste que una mayoría se dedique a sacar trapitos del “oponente” antes que buscar soluciones a los problemas que se presenten. Debemos usar la creatividad para encontrar consensos y soluciones, y no para desacreditar al otro en cada uno de sus actos, opiniones o propuestas.
  1. La historia de nuestra política debe virar drásticamente para que el odio visceral no la gobierne, la corrupción no sea su sinónimo y el desencanto su resultado. La política no debe continuar siendo parte del problema, debe ser la solución. Esto pasa por cada uno de nosotros: los que gobiernan y los que juzgamos como si fuésemos monarcas de la verdad. Por cierto, la participación ciudadana es la piedra angular de la democracia y debemos promoverla, pero debemos ser consientes de que cada uno de nuestros actos genera un impacto inmediato en nuestro entorno y la responsabilidad es sólo nuestra.
Planteo estas reflexiones como metas alcanzables mediante procedimientos racionales. No pretendo que en abstracto y de buenas a primeras tengamos políticos impecables y una política de fotografía. El camino es largo, pero comienza por la actitud que adoptamos y la sinceridad de cada paso que tomamos. Hay muchas formas de lograrlo. Cada uno sabrá mejor cómo comenzar…por supuesto, Coelho y ‘El Alquimista’ seguro que ayudarán más que mis cinco pasos para la felicidad (política). Buena suerte.

*Artículo publicado originalmente en la columna Radar 5 de Gobierno Coherente (www.coherencia.pe).

miércoles, 9 de mayo de 2012

LA POLÍTICA DEL ESPECTÁCULO*


El último ensayo de Mario Vargas Llosa, “La Civilización del Espectáculo” (Alfaguara 2012), es una crítica a nuestra cultura, a la realidad política, religión e incluso a la sexualidad. Hoy, señala el autor, la frivolidad ha conquistado estos aspectos centrales de nuestras vidas gracias a que hemos convertido en bien supremo la natural propensión a divertirnos. La verdad de lo humano ha sido sustituida por lo artificial, lo falso y lo accesible.

La frivolidad de la que habla MVLL consiste “en tener una tabla de valores invertida o desequilibrada en la que la forma importa más que el contenido, la apariencia más que la esencia y el desplante —la representación— hacen las veces de sentimientos e ideas”. Esa sería la causa de que la cultura, como tradicionalmente la hemos entendido, esté a punto de desaparecer; de que los políticos se hayan convertido en personas amorales, ineficientes y propensas a la corrupción; de que los artistas sean embusteros; y de que el erotismo haya sido cambiado por sexo light. Eso es lo que MVLL ha denominado la civilización del espectáculo.

Quizá el capitulo que grafica con mayor claridad la realidad peruana es aquel que afirma que necesaria e inevitablemente la cultura y la política deben tener una constante relación e intercambio. La cultura, señala MVLL, debe someter a la política a una continua evaluación crítica e inculcándole valores que le impidan degradarse. Lo cierto, sin embargo, es que la cultura del espectáculo ha logrado que las ideas e ideales, el debate y la propuesta, que deberían ser el mayor sustento de un político, sean reemplazadas por la mera publicidad y las apariencias.

Los políticos peruanos, salvo honrosas excepciones que admiro, son una farsa mayúscula. La mayoría, oportunistas que encuentran en lo público un espacio ideal para ganar fama y poder. Congresistas que el día que juramentan cambian su forma de vestir, hablar, pensar y soñar (si alguna vez tuvieron algún ideal). Ministros de Estado que por mantener réditos políticos o buenas migas con los poderes fácticos no enfrentan adecuadamente los problemas (el caso del sector pesquería es clarísimo). Regidores municipales que en busca de reflectores se presentan altisonantes, a criticar sin haber jamás aportado nada, ante medios locales como si fuesen autoridades sagradas.

La frivolidad de nuestra clase política se traduce en la manera en que entienden su posición. Creen que todo debe ser apariencia, teatro, juego y diversión para la población. Solo basta recordar la campaña electoral del año 2011. Ya lo he señalado antes, la política debe ser responsabilidad, madurez y pedagogía. El político debe ser consciente del poder de cada uno de sus actos y del efecto de estos para inspirar cambios positivos o negativos en la gente.

Esto se agudiza si la audiencia de este espectáculo, los electores, olvidamos pronto y pasamos sin pestañear de la dolorosa muerte de un soldado del Ejército Peruano a esos programas concurso de la TV peruana que son puro grito, puro poto, pura vulgaridad y banalidad. No tenemos conciencia. La nueva generación debe cambiar. Esa es la apuesta.

Nuestro premio nobel ofrece numerosos y convincentes ejemplos para sustentar su tesis. “La Civilización del Espectáculo”, que podría ser interpretado como pesimista, es una acertada invitación a la reflexión. Es un ensayo que incomoda. Es un aviso de que una era está terminando, pero que ese fin no debería significar que la mera supervivencia sea el único norte que justifique la vida, ni que palabras como espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, arte, creación, belleza o alma pierdan significado.

*Artículo publicado originalmente en la columna Radar 5 de Gobierno Coherente (www.coherencia.pe).

jueves, 3 de mayo de 2012

COBRANDO VIDAS EN NOMBRE DE DIOS*


Si matar fuese la solución a los problemas, todos estaríamos muertos.

Escuchar a algunas autoridades eclesiásticas es viajar a la Edad Media. Es trasladarse a tiempos en que pequeños grupos de personas tenían la capacidad para decidir libremente sobre la vida de otros seres humanos. Épocas en las que jueces con poderes casi divinos sentenciaban quién merecía vivir o morir. Días en los que el concepto de justicia se confundía con la noción de venganza. Aún hoy, año 2012, tenemos autoridades eclesiásticas que nos remiten a esos tiempos.

Sería mezquino desconocer que durante las últimas décadas la Iglesia Católica ha demostrado una sana evolución de pensamiento en algunos asuntos. La pena de muerte es uno de ellos. Si bien tradicionalmente dicho castigo fue aceptado por esta institución, la encíclica “El Evangelio de la Vida” de Juan Pablo II, publicada en el año 1995, denunció la pena capital como forma de homicidio y, por tanto, inaceptable para un católico. Desde entonces, la Iglesia Católica sostiene que la pena de muerte ya no es necesaria si puede ser sustituida por el encarcelamiento.

Por su parte, el Catecismo de la Iglesia Católica, considerado como la fuente más confiable sobre aspectos doctrinales básicos de la Iglesia, señala que si los medios no sangrientos son suficientes para proteger el orden y la seguridad de las personas, la autoridad pública debe limitarse a dichos medios, ya que corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común, y están más en conformidad con la dignidad del ser humano.

A pesar de la clara posición institucional de la Iglesia Católica, el ex presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, monseñor Luis Bambarén, aparece en medios locales, con total soltura y una interpretación borgiana de un pasaje de la Biblia, solicitando la aplicación de la pena de muerte para los terroristas que instruyen y utilizan niños en acciones delictivas. Estas declaraciones contradicen la doctrina de la Iglesia Católica.

Es indiscutible que quien eduque a nuestros niños para convertirlos en homicidas debe ser sancionado con la mayor dureza que nuestro marco legal imponga. Es imperdonable que asesinos de policías y militares además formen niños para fines delictivos y antipatriotas. Sin embargo, el remedio nunca debe ser peor que la enfermedad.

Así como nadie en su sano juicio pediría que la gran cantidad de religiosos que cometen delitos sexuales contra niños y niñas sean condenados a la pena de muerte, tampoco se espera que se asesine a aquellos que, bajo un marco ideológico podrido, los utilizan como un medio para lograr sus violentos objetivos. La pena de muerte no tiene utilidad alguna en la lucha contra el crimen, sólo otorga la falsa ilusión de control. Muchos estudios han demostrado su ineficiencia disuasiva. La pena capital no debe ser una opción en una sociedad moderna en la que debemos celebrar la vida, no la muerte.

“¡Nunca más un sistema judicial que se parezca a una “moledora de carne”, donde el ser humano se reduzca a materia prima!” es una de las frases que mejor describen a uno de los hombres de fe más admirables que he conocido, el padre Hubert Lanssiers. Le haría mucho bien a la alta dirección de la Iglesia Católica peruana darle una mirada y seguir sus pasos.

*Artículo publicado originalmente en la columna Radar 5 de Gobierno Coherente (www.coherencia.pe) 

miércoles, 25 de abril de 2012

ANTIHÉROE: LA DESFACHATEZ DE UN ALCALDE*

A veces ciertas noticias pasan desapercibidas cuando, sin embargo, merecen atención, análisis y la más profunda indignación. Muchas de las afirmaciones que nuestros líderes políticos lanzan impetuosos al aire, colándose entre titulares más vendedores, muestran el enmohecido sentido ético y los tergiversados ideales morales que los gobiernan.

Uno de esos casos es el desafortunado comentario con el que el Alcalde de Trujillo, César Acuña, pretende librarse de las graves acusaciones presentadas en una investigación elaborada por INFOS. Ante los cargos sobre el reparto ilícito de fondos públicos con fines proselitistas en su municipalidad, luego de negar toda irregularidad, Acuña señaló con total desfachatez: “Yo he delegado todas mis funciones. Si alguien tiene que ir a la cárcel por estos hechos, son mis gerentes”. Sentenció la frase señalando que, además, siempre está de viaje.

La existencia o no de un mal manejo de fondos municipales y los niveles de responsabilidad tendrán que ser definidos por la Fiscalía Anticorrupción que ha tomado el caso; sin embargo, la declaración transcrita en el párrafo anterior, que se traduce en una criolla “sacada de cuerpo”, no puede ser asumida sin mayores consecuencias.

La política y el ejercicio de un cargo público deben caracterizarse por la responsabilidad, madurez y ejemplo de cada uno de los actos propios de la función, más aun si hubo elección popular de por medio. Se espera que las acciones de un político sean un modelo de ciudadanía, además de la representación del paradigma que una sociedad más honesta y solidaria significa. Un líder político está obligado a influir positivamente en las personas, y la dirección de la organización que representa debería estar plasmada de coherencia y de un constante fortalecimiento de su institucionalidad. El comentario del alcalde Acuña simboliza todo lo contrario.

Creo que no hay bajeza más grande que ver a un líder esquivar una acusación derivando la responsabilidad a un subordinado. Es posible que ese colaborador tenga que responder ante la Ley si existen las pruebas suficientes, pero deslindar públicamente que el culpable es un funcionario, a quien, por cierto, este mismo líder contrató, es una actitud propia de un antihéroe. ¿Cómo es posible que un alcalde lance a sus gerentes a las fauces del cuestionamiento público? ¿En qué organización se permite que el empleador use al dependiente de escudo o como carne de cañón?

Acciones como estas nos hablan de una tabla de valores invertida. En nuestros días, lo que necesitamos de nuestros políticos es el aplomo y la madurez para hacerse responsables de sus actos y de lo que sucede en su organización. Lo que generalmente tenemos son personas que evaden sus responsabilidades con una falta de ética sorprendente.

Lo paradójico es que pronto veremos al alcalde trujillano elaborar un entusiasta discurso previamente coordinado con medios locales y bien peinado divulgar los magníficos logros de su gestión, logros que nadie entenderá cómo se ejecutaron si, como él mismo ha afirmado, “siempre está de viaje”. Tal vez fue gracias a esos gerentes que hoy tienen que responder por él, pero eso sin duda, nunca no lo sabremos.

*Artículo publicado originalmente en la columna Radar 5 de Gobierno Coherente (www.coherencia.pe)

jueves, 19 de abril de 2012

LO QUE NO QUEREMOS VER*

Tengo en mis manos dos informes vinculados a crímenes cometidos contra minorías sexuales. Uno me lo han enviado los amigos del Colectivo Raíz 2.0. El otro, un informe preparado meses atrás por el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL), al que Mario Vargas Llosa hizo referencia en un reciente artículo publicado en su columna Piedra de Toque.

El primero, que recoge todas las noticias publicadas en diarios peruanos durante el 2011 sobre discriminación por orientación sexual o identidad género, da cuenta que nuestros diarios sólo informaron sobre diez crímenes contra personas Lesbianas, Gays, Trans y Bisexuales (LGTB) en el Perú durante ese periodo. Por su parte, el MHOL estima que entre los años 2006 y 2010 en el Perú 249 personas fueron asesinadas por su “orientación sexual e identidad de género”; es decir, se asesinó aproximadamente una persona LGTB cada semana.

La diferencia entre ambas cifras es sustancial y no porque en el último año la discriminación por orientación sexual o identidad género haya disminuido. Además, la poca información accesible hace suponer que esas cifras no representan la real dimensión de la violencia que se sufre en todo el país. Es muy probable que se cometan muchos más crímenes homofóbicos de los que se hacen públicos; los mismos agraviados los callan o las familias prefieren evitar la vergüenza del rechazo social. Los ignoramos porque es un tema que la sociedad consciente o inconscientemente sella y no comenta.

El daño que sufren las personas LGTB surge porque no somos sensibles a sus problemas. Este rechazo se manifiesta al calificar sus actos de perversos y en la negación a que decidan libremente a seguir el llamado de su propia naturaleza. Esto es así porque el sector más conservador de la religión con más feligreses en nuestro país lo señala y porque nuestra cultura profundamente machista y temerosa a la ruptura de paradigmas lo respalda. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que cada ser humano tiene el derecho de elegir cómo vivir su vida sexual o sentimental?

Es cierto que el asunto no es estrictamente político, tiene un matiz esencialmente religioso y cultural. Sin embargo, la política debe emprender la construcción de una verdadera sociedad, con líderes que marquen la diferencia formando ciudadanos tolerantes y respetuosos, es decir, mas civilizados. Por eso preocupa que el Proyecto de Ley que agrava las penas para los crímenes motivados por el odio por orientación sexual, raza, religión, grupo étnico e idioma aprobado por La Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso en junio del 2010 esté archivado. No es posible que un asunto estrechamente vinculado con la inclusión de minorías esté dejado de lado y la discusión no esté abierta.

Con un gobierno progresista como el nacionalismo, que tiene como principal carta de presentación la inclusión de minorías históricamente marginadas, es de esperar que para el 2016 se logren acciones concretas que garanticen los DDHH de personas con distintas orientaciones sexuales, prevengan y penalicen los actos de violencia contra la población LGTB y aseguren el acceso universal a la salud sin discriminación por orientación sexual.

Es momento de cambiar dogmas y costumbres arraigadas a visiones que no permiten entender el verdadero alcance de la diversidad humana. Seguimos esperando a los que hicieron promesas electorales en ese sentido, ellos saben quiénes son.

*Artículo publicado originalmente en la columna Radar 5 de Gobierno Coherente (www.coherencia.pe).